«Con la ayuda de Dios, vuestro clero jamás tendrá mayor preocupación que predicar la verdadera Fe Católica: el que no la mantenga íntegra y sin error, sin duda se perderá. Por lo tanto, se esforzarán en favorecer la unión con la Iglesia Católica, pues quien se separe de Ella no tendrá vida. Mantendrán la obediencia a esta soberana Silla de Pedro, en la que Cristo el Señor fundó esta misma Iglesia, y donde, por consiguiente, se halla la entera y perfecta estabilidad de la Religión cristiana». (Papa Gregorio XVI, Perlatum Ad Nos, 17 de julio de 1841).